Roberto.
En mi despedida, tengo la obligación de personalizarla en tu caso.
Entré para trabajar contigo, y hasta el último día lo he estado haciendo. Ha sido un verdadero placer personal y profesional, ¡en serio!. Reconozco y agradezco lo mucho que he aprendido contigo. Has completado con tu gran conocimiento de Ferroglobe, y tu forma de ser, lo mucho o poco que yo haya podido aportar. Qué gran acierto tuvo hace años Ferroglobe en designarte como CIO.
Es cierto que a pesar de que soy madrileño, de origen extremeño, que veraneo en Asturias y estoy felizmente casado con una salmantina, me tira mucho el sur. Y soy quizás un poco más extrovertido que tú. Y que no te puedo pedir que seas un experto en bailar sevillanas, arte al que me ofrezco a introducirte. Pero esa tranquilidad, esa sorna de la que haces gala, es una joya para todos. Y complementa esa experiencia y conocimiento de las personas y procesos de Ferroglobe que tienes.
En resumen, te quiero dar las GRACIAS. Sabes que te lo digo de corazón. Y siembre me recordarás al Machichaco y este a tí.
Y como dedico en cada entrada alguna canción, y esta es una despedida musical, empiezo por esta canción de Amaral.
Aunque realmente, si nos lo proponemos, podríamos superar cantando a Frank Sinatra y Dean Martin:
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